La hamaca

La hamaca

Cierto día que iba caminando por las calles del centro, la mercancía que se exhibía en un puesto ambulante llamó poderosamente mi atención, puesto que es poco común encontrarse con unas hamacas, sobre todo en un sitio en donde no hace calor.

Me acerqué y antes de que pudiera preguntarle algo al vendedor, este me abordó con la siguiente frase:

– Si busca una hamaca a buen precio, no podrá encontrarla en un mejor lugar que aquí. Poseo las últimas novedades, como estas que tienen un diseño basado en historias de terror.

– ¿Qué? Pregunté extrañado.

– Sí, mire déjeme extenderle una para que vea de lo que estoy hablando.

Efectivamente, al desenrollar una de las hamacas, los distintos hilos formaban la figura de una momia de actitud beligerante.

– ¡Estupendo! No sabía que hubiera dormilonas de este estilo. Me la llevaré a casa.

– ¿Cuánto cuesta?

– El precio de menudeo es de $85, pero por tratarse de usted se la dejaré únicamente en $70.

Agradecí el gesto del vendedor dándole un apretón de manos y me fui a mi hogar. Llegué y salí al balcón, pues creí que ahí sería el lugar idóneo para colocar mi nueva hamaca.

Luego me fui a comer y ya cuando estaba anocheciendo pensé que era un buen momento de subirme un rato a ella para disfrutar de un buen libro acompañado de una espectacular vista, pues afortunadamente vivo en un noveno piso.

Más al momento de acercarme al balcón, vi como la hamaca se mecía por sí sola. Me tallé repetidas veces ambos ojos, pues estaba seguro que aquello era una alucinación. Una momia de grandes dimensiones se bajó de la campechana y se aventó por el balcón.

En ese instante me asomé, para ver si el ente diabólico había sobrevivido a la caída. Sus prendas se desparramaron por toda la calle, pero en segundos su figura quedó reintegrada. Los transeúntes que por ahí pasaban, empezaron a correr y gritar desenfrenadamente.

La policía llegó y dichosamente abatió al muerto viviente a tiros.

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